La cárcel y sus funciones.

Primero nos gustaría decir que de ninguna manera somos unos expertos en el tema, ni es nuestra intención serlo. Simplemente tratamos de difundir ciertas reflexiones colectivas que hemos podido realizar después de leer textos y por diversas razones, estar cerca de la realidad penitenciaria.   

 La idea de función social esta ligada a la teoría funcionalista de la sociología desarrollada por Durkheim en los años treintas, y más recientemente al funcionalismo estructuralista.    

La teoría estructuralista trata de explicar a las sociedades argumentando que son parecidas a un cuerpo humano y cada individuo  o institución tiene una función dentro de ella, así como cada órgano tiene una función en el cuerpo. Según este pensamiento, si algo no funciona bien, la sociedad-cuerpo se enferma. Así, tratan de justificar el estado de las cosas en nombre de un supuesto buen funcionamiento de la sociedad, negando el conflicto social y la necesidad de cambios en la sociedad. Si existen desigualdades sociales y económicas es por que así debe ser.

 Por supuesto que nosotros de ninguna manera compartimos este punto de vista. Este tipo de discursos solo sirven para enmascarar una realidad social llena de contradicciones.

 No negamos que existen ciertas actividades humanas que en efecto contribuyen al enriquecimiento de la vida social. Dichas actividades son las que, en palabras de Malatesta, sirven para  “…..inspirar el sentimiento de la libertad y de la dignidad humana, elevar el valor de la vida, incitar a la actividad y a la iniciativa, respetar a los individuos y los agrupamientos naturales y voluntarios que los hombres construyen”.

 Es en ese sentido, y no siguiendo las afirmaciones estructuralistas, que afirmamos que la cárcel no cumple una función social. El sistema penitenciario de ninguna forma contribuye al libre desarrollo humano. Sin embargo, no negamos que el sistema penitenciario cumple funciones dentro de la sociedad; funciones que el poder le ha asignado desde su creación.

 Antes de abordar el tema del titulo de esta plática, quisiéramos hablar un poco sobre la historia de la prisión, a efectos de ir desmontando la idea de que la prisión es algo que siempre ha estado y que siempre estará.

 Lo que conocemos como prisión actualmente empieza a formarse con la consolidación de la clase burguesa en Europa a finales del siglo XVII. Con la consolidación de la burguesía y sus ideas de humanismo ilustrado se empieza a dejar atrás los actos públicos de castigo, los cuales fueron tachados de escenas repugnantes por los intelectuales de la época. Ya no se busca castigar al cuerpo a través del escarnio público, los castigos corporales o la ejecución, si no que se pretende castigar la mente del delincuente. Aunque las penas de privación de la libertad recaen directamente en el cuerpo, esta ya no esta en la misma relación con el castigo, ahora el cuerpo es mas bien un intermediario, pues si se le encierra es para privar al individuo de algo mas. Su libertad.

 Así el verdugo se vio sustituido paulatinamente por un sistema de castigo mas acorde con las ideas de la Modernidad burguesa y de la sociedad mercantilista que se empezaba a configurar. Una sociedad en la que se pretende que toda actividad humana sea vista en términos de mercancía. Tanto tienes, tanto vales. ¿Que quieres decir o hacer y cuanto puedes pagar por ello?

 Y por supuesto que el naciente sistema punitivo no estaría exento de esta lógica.¿Qué delito cometiste, que daño hiciste a la sociedad? y en función de eso se determinara tu condena. Es lo que el derecho penal llama “teoría retributiva de la pena”, es decir, pagar con tiempo en prisión el delito cometido, convirtiendo al tiempo en valor de cambio.      

 Otra característica de este sistema penal es la idea reeducadora del castigo, es decir, después de que hallas pagado tu condena, estas listo para volver a la sociedad, pues ya aprendiste tu lección, la cual es, si te portas mal, mereces un castigo.

 Como vemos, al sistema penitenciario actual se le puede rastrear un origen, trabajo que Michel Foucalt desarrollo en su obra. De nosotros depende ponerle un fin. Sin embargo, la abolición del sistema penitenciario, con sus cárceles, leyes, jueces, policías y castigos nos plantea la incógnita de que hacer en su lugar.

 Como libertarios nos puede resultar fácil sentenciar que con la desaparición de la sociedad basada en la explotación  y dominación política, económica y mental de unos pocos sobre todos nosotros será una consecuencia lógica que los delitos y las cárceles desaparezcan.

 Sin embargo, este es un tema que, pensamos, no podemos dejar que se resuelva solo, pues esto no sucederá y es un hecho que los delitos y  la cárcel existen aquí y ahora. Cierto es que no podemos cambiar de la noche a la mañana ideas tan arraigadas en las mentes como la de la necesidad de castigar al desobediente, idea que incluso aparece dentro de los programas de organizaciones de la llamada izquierda revolucionaria, pero debemos de empezar a sustituir desde ya la idea de castigo, tratando de implementar en nuestra cotidianidad nuevas formas de resolver los problemas y las dificultades sin necesidad de recurrir al principio de autoridad/obediencia.

 Fomentemos el espíritu rebelde, impulsemos la revuelta, construyamos nuevos esquemas sociales que nos permitan desarrollar plenamente nuestras capacidades, sin otra limitante que la propia libertad.          

 Volviendo al titulo de esta charla, hemos tratado de diferenciar algunas funciones que le atribuimos a la prisión, pero esto solamente para efectos de intentar ir desmenuzando el complejo penitenciario y lo que este significa. Entendemos que cada una de estas funciones cumple un rol pero que están íntimamente ligadas entre si, complementándose, pues todas ellas sirven para justificar al sistema penitenciario, el cual en ultima instancia es una herramienta del Estado para reafirmarse como tal, como el monopolio de la violencia.

  Distinguimos varias funciones del sistema penitenciario.

          FUNCIONES FORMALES.

 

En primer lugar, las funciones formales o legislativas, es decir, para lo que en teoría sirven.  Dentro de estas destacan las supuestas funciones readaptadoras de las personas recluidas. Las instituciones penitenciarias en teoría tienen como función primordial la  “reeducación y reinserción social de los sentenciados En segundo término y junto a ella, la finalidad de “retención y custodia de detenidos, presos y penados”, y por último, un tercer fin de “prestación de asistencia y ayuda para internos y liberados “.Se presenta a la prisión como una institución que tiene como finalidad cumplir funciones readaptadoras mediante la pena privativa de libertad.

Lógicamente, ni qué decir tiene que estas funciones formales proclamadas, podemos evaluarlas como la historia de una farsa a la luz de muy diversos indicadores y valoraciones. La cárcel no tiene la finalidad de readaptar, si no la de castigar a aquellos que cometan un delito. Basta ver el nivel de reincidencia para comprobar que la cárcel no cumple su supuesta función readaptadora. Resulta un absurdo intentar readaptar socializar a alguien apartándolo de la sociedad misma, encerrándolo y arrojándolo a otro tipo de sociedad, en este caso la carcelaria, en la cual, es bien conocido por todos, impera la ley del mas fuerte y existen mil factores que mantendrán al individuo en un circulo eterno de entrada  y salida de la cárcel (la constante exposición a mas delitos, la estigmatización del ex presidiario, etc.).

Este tipo de consideraciones puede llevar a algunos a pensar que el problema es que la cárcel no funciona en los términos en los que esta pensada actualmente. Nosotros  no decimos esto, pues equivaldría a admitir que la cárcel  se puede perfeccionar o mejorar.

La idea misma de readaptar es algo que nosotros como libertarios no compartimos. Tras esta idea de readaptación esta la pretensión de crear individuos dóciles, maleables. La cárcel como fábrica de individuos domesticados.     

Estas funciones formales son un fuerte símbolo en la legitimación del Estado y funcionan, por un lado, como refuerzo en tareas de gobernabilidad y por otro para ocultar la realidad social de la cárcel que tiene que ver más con los otros dos tipos de funciones que mencionamos a continuación.

FUNCIONES EN LA SOCIEDAD.

 

La cárcel cumple funciones en la sociedad de dos tipos: control social y simbólicas.

 

En cuanto a las funciones simbólicas sirve para construir  la definición social de qué es el delito y quiénes son los delincuentes.

Construye la realidad social del delito a partir de la identificación de delincuencia tan sólo con aquellos infractores de leyes penales a partir de la noción de que delito es nada mas aquello que transgrede los códigos penales. Nosotros aquí retomamos a E. Malatesta, quien no niega la existencia del delito incluso dentro de la utópica sociedad libertaria, pero lo define como “toda acción que tienda voluntariamente el dolor humano, es la violación del derecho de todos a una igual libertad y al goce del máximo posible de bienes morales y materiales”.

Esta creación social del la idea de delito a partir de la cárcel crea una imagen de que los delincuentes son quienes están presos gracias a la actividad del Estado en la lucha contra el delito, entonces el Estado es eficaz en la persecución y sanción de los criminales. Así pues, la cárcel cumple importantes funciones de legitimación del Estado como supuesto garante de la seguridad ciudadana.

Por lo que respecta a las funciones de control social , la cárcel funciona como un espacio de reeducación desocializadora para la producción de delincuentes adaptados a ella y a su papel social de chivos expiatorios de la necesidad de una delincuencia habitual, que justifica la protección de intereses de poder mediante formas de control policial, penal y carcelario, ocultando otros tipos de delincuencia, como la enajenación  de la fuerza de trabajo por los patrones hacia el obrero, infinitamente más graves y numerosos y engañando a los ciudadanos, tratando de hacernos creer que la cárcel es una herramienta eficaz en la prevención y lucha contra el delito.

Estos individuos adaptados a su papel de delincuentes engrosan los ejércitos de golpeadores y grupos de choque que los diferentes grupos de poder usan contra las organizaciones sociales. 

La cárcel necesita de delincuentes para existir. La cárcel no es la solución, es parte del problema.

FUNCIONES POLÍTICAS

 

También cumple importantes funciones políticas, tanto de control como simbólicas.

En cuanto a las funciones políticas de control, y en concreto a lo que se refiere  a la disidencia política, funciona como una forma de control duro y es un instrumento que busca directamente el aislamiento y la inhabilitación física y mental de los recluidos por razones políticas.

Con esta función busca erradicar y o anular los diferentes movimientos de resistencia.

Con respecto a sus funciones políticas simbólicas, mediante la cárcel, el Estado básicamente pretende mandar un mensaje coercitivo para crear la idea entre los activistas y su entorno social de que es muy probable que termines encerrado si te organizas. Busca así frenar la expansión de la desobediencia.

También busca crear la imagen entre la sociedad de que los luchadores sociales no son mas que delincuentes, que no es que luchen por la tierra como es el caso de los campesinos del FPDT presos en el Altiplano, o que no es que estén defendiendo su derecho a existir como pueblos indígenas, como es el caso de los ejidatarios de Bachajon en Chiapas o los presos de CODEDI en Oaxaca, sino que son peligrosos subversivos que intentan desestabilizar al país.

Pretenden hacer pasar a jóvenes activos en la lucha social como vándalos sin ideología, como es el caso de Víctor Herrera Govea o Emmanuel Hernández. Ejemplos así podemos encontrar a lo largo y ancho de la geografía de este país.

 

 

 

 

FUNCIONES ECONOMICAS

 

Las prisiones se han vuelto un gran negocio para los que las administran. Bajo la mentira de ayudar al preso a su reinserción, se le pone a trabajar muchas veces maquilando para grandes compañías, bajando así aun mas sus costes de producción , otras simplemente en funciones de las llamadas de hostelería dentro de la misma cárcel (cocina, lavandería, limpieza, etc.), lo que le permite a la administración de las prisiones ahorrarse esos salarios. Las empresas que tienen metidas sus maquilas en las cárceles disponen de un ejercito de brazos cautivos y cada vez que pierden uno, detrás de el existen miles para ocupar su lugar.

Debido a lo rentable que le resulta al Estado en términos de legitimación social se ha reservado la administración de las prisiones para el. Sin embargo esto no lo ha detenido para sacar grandes ganancias en la construcción de nuevas prisiones mediante la licitación de este trabajo a empresas privadas. Actualmente se tiene conocimiento de que empresas vinculadas a la familia Hank y a Halliburton, empresa contratista estadounidense tiene las puertas abiertas para la construcción de doce nuevas prisiones.

Para concluir, nos gustaría compartir con ustedes algo que fue escrito por un compañero anarquista, Xosé Tarrío, quien murió el 2 de enero de 2005, después de haber pasado más de 16 años en prisión. Xosé no murió, la cárcel lo mato.

Si me preguntaran qué es la cárcel, os respondería sin dudar que es el basurero de un proyecto socio-económico determinado, al cual arrojan todas aquellas personas que molestan dentro de la sociedad: por eso la cárcel alberga principalmente pobres.

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