¡Ramsés Villarreal sale libre! (pero ¿quién impuso el terror?)

A las 11:30 de la noche de viernes, 2 de octubre, Ramsés Villarreal 
Gómez salió del Reclusorio Sur después de que el juez federal Ranulfo 
Castillo ordenó su liberación por considerar ilegal la detención. Aunque 
el activista y pasante de sociología egresado de la Universidad Autónoma 
Metropolitana (UAM) fue acusado del delito de terrorismo por su presunta 
participación en cinco explosiones sucedidas los días 01, 08, 14, 16 y 
22 de septiembre, la Procuraduría General de la República (PGR) no tenía 
una sola prueba legítima contra él. Las Células Autónomas de Revolución 
Inmediata, quienes reivindicaron varias de las acciones, en las cuales 
nadie fue lastimado,  enviaron un comunicado diciendo que Ramsés 
Villareal NO forma parte de su organización.
 
En realidad, las personas que eran objeto del terror durante tres días 
eran el propio Ramsés, su familia y sus compañeras y compañeros, quienes 
conocen su trayectoria de activismo social y sus deseos para ver un 
mundo libre y justo. Varios de ellos fueron golpeados por los granaderos 
del Distrito Federal después de marchar desde el Zócalo a la PGR para 
exigir su libertad, la cual fue ampliamente respaldada en la marcha del 
2 de octubre con mantas, consignas y discursos. Y podríamos mencionar 
que el terror del estado se sintió también en esta misma marcha, 
brutalmente reprimida con golpizas, gases lacrimógenos y la detención de 
por lo menos 25 activistas.
 
Entrevistada, Elizabeth Ángel Palmillas cuenta que el día 30 de 
septiembre, su esposo Ramsés estaba en camino a la UAM-Xochimilco, donde 
hace su servicio social en la Revista Argumentos, cuando el microbus en 
que andaba fue interceptado por varias camionetas. Numerosos agentes de 
la supuestamente desaparecida Agencia Federal de Investigación (AFI) lo 
bajaron sin orden de aprehensión, le taparon la cabeza con una bolsa y 
lo cubrieron con una cobija. Dice Elizabeth: “En todo el camino le 
estaban diciendo que lo iban a echar en el primer barranco, que sus 
familiares no iban a saber nada de él. Mencionaron datos personales de 
toda la familia—a qué se dedicaban, sus horarios, todo. Se notó que 
habían conducido un espionaje muy bien elaborado”.
 
La familia no supo de su detención hasta las 10:30 de la noche. Él no 
había aparecido a recoger a Elizabeth de su trabajo, como era de 
costumbre, y todos estaban muy preocupados. Su esposa, su mamá y su papá 
pasaron varias horas buscándolo y haciendo llamadas a su celular. 
Mientras tanto, Ramsés estaba en el PGR, donde los agentes lo amenazaron 
para que nombrara a alguien más como el autor material de las 
explosiones. Dijeron cosas como: “Mira, está sonando tu celular. Te está 
llamando tu esposa. Hazlo por ella. ¿No te gustaría estar con ella?” El 
terror psicológico.
 
A Ramsés le enseñaron unas fotografías y le preguntaron:
–– ¿Tú conoces a esta persona?
–– No.
––Si tú nos dices que esta persona fue la que hizo los bombazos, tú 
quedas en libertad esta misma noche y te vamos a dar garantías de 
testigo protegido.
––¿Cómo lo voy a hacer si no conozco a esta persona?
––Tú di que es él, y con eso es suficiente.
––No.
 
Aunque el desprecio hacia los familiares de los presos en el país es 
casi rutinario, esto no disminuye la angustia que uno siente al 
enfrentar una serie de pretextos, mentiras y hostigamiento cuando 
simplemente pide una visita privada o cuando busca información sobre el 
caso. Después de superar varios obstáculos, Elizabeth logró acompañar a 
su esposo cuando hizo su declaración. Recibieron constante presión de 
parte del Ministerio Público Ricardo Serna Velazquez para declarar antes 
de que llegara su abogado, Pedro Suárez del colectivo de abogados 
zapatistas. Dijeron: “No. Vamos a esperar.”
 
En el careo, le enseñaron a Ramsés una foto con dos personas, y le 
dijeron que él era una de las personas, pero Pedro Suárez indicó que no 
podría ser debido a la diferencia en peso y en los rasgos faciales. 
También señaló que sería imposible que Ramsés hubiera atacado un 
sucursal de BBVA-Bancomer cerca del aeropuerto el 22 de septiembre a las 
3:50 a. m. y un Banorte en la Colonia Navarte el mismo día a las 4:00 a. 
m. ¿Cómo sería posible llegar de un lugar al otro en diez minutos?
 
Después de que las autoridades le dijeron a Elizabeth que  Ramsés sería 
traslado al Reclusorio Sur en la tarde del 2 de octubre, ella se enteró 
que ya lo habían cambiado a las 4:00 de la madrugada.
––¿Por qué no me avisaron?
––Porque esta información no tenemos que darle a usted.
 
¿Y que es lo que tienen que hacer?  Aunque a veces parece que pueden 
hacer lo que les pegue la gana,  esta vez tuvieron que soltar a Ramsés. 
Uno por uno...
 
por carolina
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