Delito, cárcel y castigo.

Empezaremos diciendo que aquello que se ha determinado como delito lo ha sido desde una perspectiva de clase, por lo tanto sesgada y con intereses concretos. Las leyes existen para defender los intereses de las clases privilegiadas en contra de los intereses de los desposeídos. Las leyes no están al servicio del pueblo.

Se le llama delito, según el código penal, a toda conducta que transgreda el mismo. Es decir, no importa cuan inmoral o condenable sea un acto desde un punto de vista humano, si no esta sancionado por el código penal no es delito. Así pues, la explotación que perpetran las clases dominantes sobre todos nosotros robandonos nuestra fuerza de trabajo es totalmente legal, incluso defendida por las leyes, mientras que alguien que por las circunstancias de pobreza en las que se encuentra se ve obligado a robar un poco de comida es considerado un criminal. La persona que por desgracia comete un delito es marcado de por vida. De ahora en adelante será esa acción la que mida el resto de su vida. Siempre será un ex convicto, a pesar de que en teoría ya ha cumplido con su castigo y debería de tener la oportunidad de reincorporarse a la sociedad. Es el rechazo de la misma sociedad que lo obligó a cometer un crimen lo que lleva a esta persona a reincidir. Y de vuelta a la cárcel. Es un círculo vicioso que solo beneficia al poder y a las clases privilegiadas.


Nos dicen que existe un alto índice de delincuencia, que es necesario más policía y cárceles para combatirla. Sin embargo vemos que cada vez más policía en las calles, el ejército patrulla varias ciudades del país y la delincuencia no baja. El poder utiliza el pretexto de la delincuencia para militarizar aún más el país, tratando de imponer su política de control social y el uso cada vez mas desmedido de la fuerza publica en la represión a los movimientos sociales criminalizándolos y tratando a los luchadores sociales únicamente como delincuentes.  El poder necesita que exista delincuencia, organizada o no, para poder legitimar estas acciones.

Por otro lado existen las ganancias económicas, motor de este sistema, y las cárceles son un gran negocio. Allá adentro todo se cobra, todo tiene un precio, y quien controle el penal controla esas ganancias. Y la lucha por el control de los penales entre grupos rivales de reos ha desatado graves motines, incluso con muertos. Una vez que es claro quien controla el negocio, este se tiene que arreglar con los funcionarios de los penales. Nada se hace allá adentro sin la complicidad del sistema mismo.

Otra forma de ganar dinero con las cárceles es el trabajo que realizan los presos. En este país no existe el trabajo forzoso como pena, sin embargo dentro de los penales se han instalado maquiladoras las cuales “contratan” a presos para trabajar, pagándoles mucho menos que un salario mínimo. Los presos entran a estos trabajos pues les sirve para obtener su beneficio de libertad antes de tiempo y al salir se les entrega su dinero. Mientras tanto, son mano de obra cautiva, sin derechos laborales y cuando uno termina su sentencia hay miles de brazos encerrados para ocupar su lugar.

Hablemos ahora un poco sobre el sistema penitenciario en este país. Todos los reclusorios, penales, centros de readaptación social o como quieran llamarlos están sobre poblados. Este fenómeno va desde un 100 a 230% en algunos casos. Celdas diseñadas para 5 personas están habitadas por hasta 12, con los consiguientes problemas. El penal con mayor sobrepoblación es el Oriente en el DF. Esta sobre población vive rodeada de un ambiente lleno de violencia, en el que si no tienes dinero para pagar tus necesidades tu integridad física corre peligro. Corrupción por todos lados, drogas al alcance de la mano con la total complicidad de los custodios. La supuesta reinserción social en la que están basadas las prisiones no se cumplen, pues no existen las condiciones y el sistema no quiere que existan. Así, el preso durante su estancia en la cárcel solo busca la forma de adaptarse a su situación, sobrellevarla y esperar que el tiempo se cumpla para poder salir.

Otra característica de este sistema es el alto índice de personas que se encuentran en prisión preventiva, muchas veces por no tener dinero para pagar la fianza que se les ha impuesto. El sistema judicial en este país parte de la presunción de inocencia, nadie es culpable mientras se demuestre lo contrario. Pero mientras se resuelve eso puedes pasar años encerrado. Se calcula que cerca de 9,000 personas se encuentran privadas de su libertad en prisión preventiva, sin sentencia.

Pasemos ahora a las cárceles de máxima seguridad. Estos centros de exterminio están destinados para aquellos delincuentes que el gobierno considera de alta peligrosidad. En ellos se encuentran secuestradores, narcotraficantes, guerrilleros o personas acusadas de serlo, líderes sociales, etc.

En estas cárceles las condiciones son verdaderamente duras. Celdas individuales o compartidas por dos personas de diminuto tamaño, con luz artificial y cámaras de grabación todo el tiempo sobre ellos. Un régimen de visita restringido y acceso a material de lectura casi nulo. Revisiones y cacheos constantes.

No importa el motivo por el que se encuentren en ellas, las cárceles son la muestra perfecta de la pesadilla orwelliana del gran hermano y nadie debería de sufrir en ellas. No puede existir readaptación social en ellas, no sirven de nada. El problema no es mejorar las cárceles, las cárceles son el problema.

Sin libertad no hay humanidad. Sin libertad no somos nada.

El castigo, columna vertebral del sistema penitenciario, pues la idea toda de cárcel esta basada en la noción de castigar. La idea de castigo está estrechamente ligada a la de obediencia. Nos enseñan que debemos obediencia a la familia, la escuela, la iglesia, el trabajo, las leyes, el gobierno en resumen, la autoridad y que si desobedecemos merecemos un castigo.

Nosotros como anarquistas no compartimos esta idea, por el contrario, alentamos donde lo veamos el espíritu de rebeldía y desobediencia ante la autoridad. No quiere decir esto que fomentamos conductas criminales. No hay que confundir. Llamamos a todos a insubordinarse ante el estado de cosas que nos quieren imponer para así poder instaurar un sistema de convivencia en libertad, en el que no exista más explotación y dominación.

Volviendo al castigo. La noción castigar, como veíamos, parte de la idea de que alguien ha desobedecido, de que alguien se ha apartado del camino “correcto” y entonces debe pagar su culpa, su daño a la sociedad dicen. Cuando en realidad lo que pasa es que ese descarriado ha atentado contra el sagrado principio de autoridad y el supuesto daño a la sociedad no es más que un daño a los intereses de quien esta en el poder usurpando la representación colectiva.

Muchas veces se nos ha cuestionado como anarquistas que proponemos en cambio de las cárceles y el castigo. Pues bien, la respuesta es simple pero no sencilla. Nosotros decimos que cuando empecemos a vivir en libertad, sin opresión y explotación de ninguna clase; cuando todos podamos vivir dignamente sin ambicionar lo de los demás pues nuestras necesidades están satisfechas los delitos desaparecerán, pues la mayoría de ellos en el fondo son ocasionados por la injusticia social, por la inequitativa repartición de la riqueza, por el capitalismo. Claro que podría ser que aun estas condiciones de libertad y abundancia se cometieran actos que atentaran contra la comunidad, pero estos serian aislados y serian tratados como lo que son. Seres humanos enfermos que necesitan ayuda y atención, no castigo y encierro.

Nos podrían decir que para que estas condiciones existan falta mucho, nosotros esperamos que no tanto, lo cierto es que por lo pronto no es así. ¿Qué hacer entonces?, lo primero es no dejar de luchar por la libertad, no importa si esta la obtenemos hoy mañana o en 100 años, lo importante es luchar hoy, mañana y en 100 años por ella. Empezar a poner en práctica otra idea de convivencia alejada de la idea obediencia/castigo, desde nuestros lugares, en nuestros ámbitos. Darnos cuenta que no necesitamos leyes y policías, aunque estas sean revolucionarias, para vivir en paz.

Aprender de experiencias de justicia y convivencia  comunitarias que nos ayuden a alcanzar la libertad. La experiencia de las comunidades indígenas chiapanecas, oaxaqueñas y de Guerrero en este sentido son muy ricas. No decimos que son las mejores simplemente señalamos que existen otros caminos diferentes al que nos imponen.

Por todo esto es necesario empujar más fuerte en la lucha contra las cárceles y la libertad de los presos. Actualmente existen planes de construir más cárceles en las que tendrían mayor participación particulares, un fenómeno común en EU y Europa que en nada ha cambiado la situación de las personas ahí recluidas.

Debemos organizarnos y estar preparados.

Cruz Negra Anarquista D.F.

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